Dar por hecho…

A veces nuestra vida se vuelve tan cotidiana que nos volvemos incapaces de ver o alegrarnos por cosas o detalles que antes nos arrancaban una sonrisa.

Personas que antes eran una constante en nuestra vida desaparecen y no nos damos cuenta cuándo o cómo sucedió. Supongo que es el momento en el que damos las cosas por sentado.

Cuando una persona siempre está para nosotros, para animarnos, para escucharnos, para aguantar nuestro estrés o nuestras locuras.

Cuando nos mandan un mensaje en algún momento del día, sin motivo aparente. Cuando se acuerdan de nosotros por pequeños detalles que nos caracterizan.

Cuando con una mirada saben todo de nuestra vida. Cuando nos perdonan nuestras histerias, nuestros enojos sin sentido

Cuando nos acostumbramos a su presencia constante y dejamos de apreciar todos esos detalles, todas las pequeñas cosas. Ahí es cuando perdemos las mejores cosas.

No debemos de perder la capacidad de sorprendernos, de reírnos y de agradecer a las personas que tenemos al lado por todo lo que hacen por nosotros. Un “gracias” o un “te quiero” no nos quitan nada y aún así, pueden significarlo todo.

No perdamos lo más grande que se puede tener por una simple cotidianidad.

No desatendamos lo más, por lo menos. Trabajos, fiestas y reuniones siempre habrá y muchos pero, buenos amigos, son los que se cuentan con los dedos de una mano y a veces, hasta sobran…

Mis amig@s saben quienes son o al menos intento demostrárselos y si algun@ de ustedes lee esto… los quiero mucho y gracias por todo!! ❤

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Lo importante de un “Te quiero”

No entendía las despedidas. Supongo que porque era pequeña, sólo no tenían sentido. Pero después, todo cambió, tú te fuiste. 
 
No te volví a ver. No te volví a escuchar. Simplemente tuve que aceptar que ya no estás.
 
Por eso no me gustan las despedidas, de hecho las odio, me molestan… les tengo miedo.
 
Temo no decir un “te quiero” a los que me rodean porque, no recuerdo si te lo dije esa última tarde… Esa última vez que te vi.
 
Cierro los ojos y escucho tu voz, te veo, te siento pero esa magia termina pronto, en cuanto recuerdo que no puedo besarte ni abrazarte. 
 
Te he soñado y ha sido tan real que, el despertar es como volverte a perder.
 
Nos sabes como me gustaría poder enojarme contigo… Me dejaste, sólo te fuiste y no me diste la oportunidad de reírnos una última vez juntos, de contarnos una última historia. De abrazarnos.
 
Yo no pude hacer nada para evitarlo y sin embargo, me siento tan culpable todo por no recordar si te dije “Te quiero”
 
Eras mi persona. Mi confidente y aún así me dejaste.
 
Me molesta por que de ti aprendí que ninguna pelea, que ningún “ego” son lo suficientemente importantes para perder a tu familia o a tus amigos. Que no importa cuánto te lastime una persona, si en verdad la quieres, siempre sabrás perdonarla.
 
Tú me enseñaste que el dinero no sirve de nada si no planeas compartirlo con los demás o dárselo sin mirar a quién lo necesite. 
 
Qué los bienes materiales, son para remediar los males y que siempre, lo más importante, será tener una familia unida. 
 
No importa cuánto crezca, no importa cuanto madure o cuántas personas se cruzen en mi camino… Siempre serás mi primer amor. El hombre de mi vida… Y yo siempre seré tu princesa
 
Aunque no quiero, debo de decirlo… No servirá de nada, siempre que vea tus cartas y nuestras fotos juntos, se me romperá el corazón y mis ojos se llenarán de lágrimas pero… Te quiero, aunque sea tarde para decirlo y sé que algún día te volveré a ver…
 
 
Adiós amigo… Adiós abuelo.
 
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